Chelsea es estadounidense porque nació en Florida, pero es hija de nicaragüenses y vive el drama de la
deportación y la consecuente separación de su familia. Dice que le hará una carta al Presidente de
EE.UU. para que le conceda el perdón a su padre y pueda vivir en Miami con toda su familia
Auxiliadora Rosales
nicasenelexterior@laprensa.com.ni 
Con apenas cuatro
años de edad,
Chelsea González
llegó por primera
vez a Nicaragua, la
tierra de sus padres. No vino
de vacaciones a conocer el
país, tampoco trajo un itinerario
de lugares para visitar parientes.
Sólo le acompañaba la
idea fija de volver a abrazar a su
padre, Jorge González, a quien
no veía desde el 3 de enero
pasado cuando, a las 5:00
a.m., fue llevado a un centro de
detención para indocumentados
en Miami, de donde lo
deportaron en abril.
Desde entonces Chelsea no
había podido dormir ni comer
bien. Su vida cambió drásticamente
con la separación de su
padre, el cabeza de familia que,
junto a Amanda, la madre, siempre
se preocupó por darle comodidad
y seguridad a ella y a sus
tres hermanos: Henry (17), Joshua
(15) y Aaron (13).
Esta familia de padres nicaragüenses
vive el drama de la
deportación y la consecuente
separación.
“Esto ha sido algo muy duro,
que no se lo deseo a nadie. Hace
meses vivía con mi familia en
Miami Garden y ahora estoy
aquí, sin trabajo, y mi esposa
con mis hijos allá sin que nadie
los apoye”, comenta Jorge,
quien desde que llegó a Nicaragua
no ha podido encontrar un
empleo, pese a que conoce el
ramo de la construcción.
" SU LLEGADA
Por los cristales de la terminal
del Aeropuerto Internacional
de Managua, Chelsea descubrió
en la multitud el rostro de
su padre que hacía cinco meses
no veía. Jorge alzó las manos al
reconocer a su hija; y ella reaccionó
con una sonrisa de satisfacción
y le envió varios besos
imaginarios con sus manitas.
Jorge traslado a su hija a
Chichigalpa, la ciudad que lo
vio nacer y crecer, donde ella se
siente incómoda. “La gente es
muy pobre aquí y hace mucho
calor”, dice Chelsea.
Lo que a la niña le ha gustado,
interfiere el padre, es ver en
las calles los perros, chanchos y
caballos que andan libre.
“Aquí he tenido que ir a prestar
un caballo para que ella se
monte y pierda el miedo”,
cuenta Jorge González.
“También le han gustado
mucho las tajadas fritas con
queso que vende mi primo,
entre otras comidas. Aunque
ya se me enfermó, al parecer le
resultaron parásitos, estuvo
con mucha fiebre pero ya está
controlado”, relató.
Tras 17 días en Nicaragua,
Chelsea, medio dormida sigue
llamando a su padre: “Papá,
papá, tengo frío, ven”.
Ahora está más tranquila,
aunque no se acostumbra al que
por el momento es su hogar, una
casa pobre en Chichigalpa donde
vive Jorge con su primo y la
familia de éste.
La niña tiene que volver
pronto a Miami, donde están
sus hermanos y su mamá. “Ella
no puede estar mucho tiempo
aquí. No tengo condiciones, ni
siquiera un trabajo fijo para
mantenerla y ella no se acostumbra
al calor, ni a la comida,
porque aunque allá le hayamos
enseñado a comer el gallo pinto,
la mayoría de las comidas las
hace en la escuela y, la verdad,
es otra cosa”, dice Jorge.
Después de la deportación
de Jorge González, su esposa
Amanda ha tenido que sostener
el hogar con su trabajo y la
solidaridad de varias personas,
entre amigos y conocidos.
“Doy gracias a toda la gente
que ha apoyado a mi familia
allá. El viaje de la niña a verme,
fue un regalo de su padrino. Él
le dijo a ella qué quería y ella le
respondió ‘quiero ver a mi papá’;
fue así que le regalaron el
boleto”, explica.
Chelsea viajó a Managua en
un vuelo de American Airlines el
26 de mayo, acompañada por la
mamá de su padrino. El regreso
tendrá que hacerlo sola.
" CARTA A BUSH
Chelsea sabe que pronto tendrá
que regresar a Miami y
dejar con el dolor de su alma a
su padre, a quien venera.
Le consuela la idea de que
una vez en EE.UU., le enviará
una carta al Presidente de esa
nación, George W. Bush, pidiendo
el perdón para su papá.
La pequeña dice que aún no
sabe escribir, sólo poner su
nombre porque apenas cursa el
kinder. Pero “le diré a mis
hermanos mayores que me hagan
una carta para el Presidente
y que le pongan que le dé el
perdón a mi padre, para que
pueda regresar con nosotros a
Miami y seamos como antes”.
" LA DEPORTACIÓN
Jorge González llegó legal a
territorio estadounidense el 30
de mayo de 1994, por lo que se
acogió al amparo de la Ley
Nacara y así pudo reunificar a
su familia en Florida: su esposa
y sus tres hijos varones, que
habían quedado en Nicaragua.
Aunque Jorge era beneficiario
de la Ley Nacara (calificaban
los nicaragüenses que
hubieran llegado antes de diciembre
de 1995), perdió ese
derecho “por un mal acompañamiento
de mi abogado que
sólo me perjudicó”.
“Tuve dos abogados. La primera
fue una estadounidense que
extravió todos los documentos
que comprobaban que yo estuve
en EE.UU. desde 1994, como
pagos de alquiler, envíos de remesas,
entre otros”, cuenta Jorge.
“Luego busqué los servicios
de un abogado de origen nicaragüense,
que sólo me perjudicó.
Siempre que nos tocaba ir a la
Corte no me defendía, se quedaba
medio callado”, añadió.
Considera que “el mayor
error fue que en el afán de
buscar evidencias de mi estadía,
yo le proporcioné al abogado
una carta que estaba
escrita en inglés con fecha de
1996. Como en ese momento
yo no sabía hablar inglés sólo
me fijé en la fecha y él tampoco
la leyó y sólo la incorporó a
mi expediente. Esa carta la
había hecho otro abogado de
apellido Lincoln, donde solicitaba
visa para mi ingreso a
EE.UU. en ese año”.
Por eso, un juez pidió la deportación
de González, la que se
hizo efectiva el 3 de enero del
2007, cuando también empezó
el calvario para su familia.

Menores con
padres ilegales
Unos 3 millones de niños nacidos
en Estados Unidos tienen al menos
un padre o madre que vive ilegal en
ese país, según el Centro Hispánico
Pew, un grupo independiente de
Washington .
" El Pew señala que desde el año
2004, el Gobierno ha estado
deportando a inmigrantes ilegales
a un ritmo acelerado.
" La difícil situación de los niños
nacidos en Estados Unidos, de
padres ilegales, se ha convertido
en un tema político.
" Un funcionario del Servicio de
Inmigración y Control de Aduanas
de Estados Unidos (ICE, por sus
siglas en inglés), que pidió el anonimato,
dijo a LA PRENSA en
Washington que si los hijos de los
inmigrantes sufrían traumas, lo
mejor era que se regresaran con
sus padres a sus países de origen.
" Para organizaciones pro-inmigrantes,
los derechos constitucionales
del niño estadounidense
son violados si es obligado a
abandonar el país, para seguir a
uno de sus padres.
" Cerca de 12 millones de inmigrantes
ilegales esperan en
Estados Unidos la aprobación
de una Ley Migratoria, que ya es
analizada por el Congreso.
SOY COLOMBIANO Y ESTOY PASANDO POR UNA SITUACION SIMILAR.CONFIO EN DIOS EN QUE SALGA UNA NUEVA LEY QUE PROTEJA A LAS FAMILIAS QUE ESTAN PASANDO POR ESTA DIFICIL SITUACIO.
Posted by: VICENTE | September 06, 2009 at 03:15 PM